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Santa Coloma era un pueblo de pageses y barceloneses de veraneo y fines de semana. Además de las personas que aquí tenían sus torres, en el pueblo se encontraban todo tipo de oficios: cerrajero, costureras, panaderos, herrero, boticario, lecheros, pescateros… todo lo típico y santako-frutasnecesario de un pueblo, además de las tiendas de comestibles donde se vendía todo lo que se recolectaba de frutas y verduras.

También había fabricación de ladrillos, aprovechando el barro rojo que había entonces por el área de Lloreda en Badalona, Santa Rosa en Santa Coloma… aún se puede encontrar esa tierra roja en algún espacio de esos barrios. Aquí todo el mundo se conocía, por ejemplo, mi abuela era muy amiga de la abuela de los Armengol, del restaurante”. 

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Una curiosidad es que Rosa lleva el nombre de su abuela, Rosa María: “en mi familia no quisieron llamarme Roseta porque ya había muchas en el pueblo, la Roseta del Pá de la C/Major, la Roseta de la Mercería frente al Mercado de Segarra y mi abuela que le decían la Roseta de Ca L´Amalia y las gaseosas, así que yo me quedé solamente en Rosa”. 

Rosa no vivió la Guerra, pero nació cuando empezaba la postguerra y fueron unos años terribles durante su niñez: “en el período del racionamiento de la postguerra en mi casa había mucha actividad, durante años vendieron comestibles con los sellos del racionamiento que yo, al ser la pequeñita de la casa, me tocaba pegar en aquellas hojas tan grandes, cada sello era el equivalente a un lote que estaba formado por varios productos básicos: arroz, patata, garbanzos, harina, aceite….” 

Por supuesto, había mercado negro de sellos y las cartillas del racionamiento existieron hasta bien entrada la década del 50, “cuando pasó la postguerra de la II Guerra Mundial, había muchos productos de América: carne congelada que venía desde Argentina, productos de México… un sobrino de mi abuela era distribuidor de esa carne argentina, también de carne de caballo y de pescado azul, que entonces era el barato, como atún, sardina, boquerones, anchoas; todo ese producto lo distribuían en el Mercado del Ninot de Barcelona”.

Cuando su abuela tenía la parada del pescado y terminaba la venta por la tarde, regalaba pescado a los pobres de Santa Coloma, esto ocasionaba que los otros pescateros se santako1950-2enfadaran con ella “decían a mi abuela que les llenaba el estómago y que al día siguiente no vendrían a comprarles… también cuando le quedaba pescado bueno, cogía el carro y se iba por la tarde a Montcada a vender lo que le quedaba”.

Por la rama paterna también le viene ese instinto comercial, el olfato de mujer de negocios, su abuelo paterno era de Valencia, cuando se casó con su abuela y después de tener su primer hijo -que dejaron en Valencia a cargo de sus tíos- se fueron de viaje, fue por esta razón que su padre nació en La Habana, Cuba.

En aquellos años los viajes eran muy largos, no solo porque eran por mar sino porque los barcos eran mixtos: mercantes y de pasajeros e iban parando en los puertos donde tenían que bajar mercancías”. 

Su padre nació en Cuba en 1906, vivieron en La Habana hasta 1915 donde nacieron 4 hijos, mientras tanto el hermano mayor de su padre seguía en Valencia al cuidado de sus tíos: “ellos eran pintores de decorados de zarzuela y operetas, se la pasaban viajando entre Valencia y Madrid, mi tío aprendió a pintar de maravilla y quizá mi afición a la pintura y el arte me viene de mi familia valenciana”. 

Su abuelo enviudó y se quedó con 5 hijos, todos varones: “regresó de Cuba y se dedicó a trabajar por cuenta ajena, él fabricaba moldes de piezas para maquinaria industrial. Mi padre trabajó en La Maquinista hasta el año 1941, del 36 al 39 fabricando material bélico y después haciendo piezas para los trenes, el suyo era el mundo de la mecánica, luego, pasó a trabajar en La Colomense con la familia de mi madre” 

Continuará ….

3ª parte: https://emprendedoresenprimerapersona.com/2015/07/31/rosa-marco-no-me-asusta-nada/

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